domingo, 25 de marzo de 2012

La conciencia viva de la Historia

Por Alicia Kirchner


“Hubiera querido nunca estar en esta instancia, porque recordar el 24 de marzo de 1976 es uno de los momentos más dolorosos y crueles de la historia argentina. Que el 24 de marzo se convierta en la conciencia viva de lo que no debe hacerse en la Patria. Nunca más se tiene que volver a subvertir el orden institucional en la Argentina.” (Néstor Kirchner, 24 de marzo del 2004).
Cada 24 de marzo es distinto. Cada Plaza de Mayo emociona de diferentes maneras. La memoria se recompone a medida que avanza la justicia, con cada condena a los genocidas, con cada nieto recuperado, con cada derecho restituido. Es como un rompecabezas que recién encuentra sus piezas, y que poco a poco va rearmando el recuerdo de quienes nos fueron arrebatados.
Desde el 2003, las banderas de la Memoria, la Verdad y la Justicia, se convirtieron en decisiones políticas legitimadas desde los tres poderes del Estado Nacional. El Legislativo derogó las leyes de impunidad, la Corte Suprema declaró su inconstitucionalidad y desde el Ejecutivo se impulsaron los juicios por los crímenes de lesa humanidad, cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
Volvemos a reflexionar sobre uno de los períodos más nefastos de nuestra historia. Tratamos de darle luz a un pasado oscuro que inevitablemente marca nuestro presente. Sobre todo cuando escuchamos en los monopolios de la información, análisis grandilocuentes que estigmatizan nuevamente a las juventudes… y a la militancia comprometida. Quizás no es casual, en el marco de la consolidación de un proyecto que garantiza el respeto por los Derechos Humanos y sociales de todos y todas.
Subestimar a esta militancia es no entender el proceso político que la convoca. Son jóvenes que durante los ’90, vieron cómo sus padres se quedaban sin empleo. Los que tuvieron suerte, pudieron terminar el secundario. Los que tuvieron más suerte aún, comenzaron la universidad en un país donde la política era sinónimo de vacío y destrucción, y donde la reflexión sobre nuestra propia historia dejaba paso a la inmediatez de la subsistencia.
Ese momento, cuando Néstor bajó los cuadros de los genocidas y pronunció las palabras que al principio recordamos, nos devolvió un horizonte extraviado, una esperanza olvidada. Como bien dijo nuestra presidenta Cristina en la inauguración de la central nuclear Atucha II: “Cuando renace la utopía (utopía como objetivo para seguir progresando) indefectiblemente siempre allí están los jóvenes.” 
Y acá están nuestros jóvenes. En el barrio, en las escuelas, en la universidad, en movimientos y organizaciones sociales, en partidos políticos, en sindicatos, en fábricas y cooperativas. Discutiendo, debatiendo, construyendo. Recordando a aquellos que fueron parte de la historia. Con dolor y con alegría. Homenajeando a los compañeros y compañeras desaparecidos y acompañando a nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. No conmemoran este día para marcar una fecha en el calendario, sino para tener presente las luchas y las aspiraciones de una generación, de miles de jóvenes como ellos y ellas, que supieron dar la vida por sus ideales. Para recordarlos y para conocerlos a la vez. Para reconstruirlos, sueño por sueño, destino por destino. Sólo con justicia se pueden evitar los errores del pasado. Sólo con memoria y verdad, conciencias vivas de nuestro presente, podemos construir colectivamente el futuro del país que soñamos.

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